El Sacerdocio del Creyente

Dios es el único que conoce cual es el verdadero valor que tenemos, el fue quien nos formo y desea que durante del transcurso de nuestro caminar entendamos cada vez con mas claridad la razón la que fuimos creados. La forma en que Dios nos mira la encontramos en 1 Pedro 2.9 “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable”, este pasaje habla de cualidades en las cuales deberíamos de basar nuestra forma de pensar y actuar dentro de nuestras familias, iglesias y sociedad. Esta escritura es la base para la compresión del llamado al “sacerdocio” que tenemos todos los creyentes.

Podemos ver que los sacerdotes del Antiguo Testamento fueron elegidos por Dios, no por auto-elección. Su llamado al sacerdocio tenia un solo propósito, el servir a Dios en el templo por medio de la ofrenda de sacrificios. El sacerdocio de los levitas serviría como una ilustración del llamado al sacerdocio de los creyentes. Dicho llamado se hace realidad en el momento que Jesucristo se ofrece como ofrenda por todos los pecados de la humanidad. Cuando el grueso velo del templo que cubría la entrada al Lugar Santísimo fue partido en dos por Dios, al momento de la muerte de Cristo (Mateo 27.51), Dios estaba indicando que el sacerdocio del Antiguo Testamento ya no era necesario. Ahora los creyentes podrían venir directamente a Dios a través del gran Sumo Sacerdote, Jesucristo Hebreos 4.14-16 “Por tanto, teniendo un gran Sumo Sacerdote, que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas; sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.

A partir de ese momento ya no había necesidad de mediadores terrenales entre Dios y el hombre, como existieron en el sacerdocio del Antiguo Testamento 1 Timoteo 2.5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” Cristo, nuestro Sumo Sacerdote ofreció un solo sacrificio por el pecado de todos los tiempos Hebreos 10.12 “Pero Éste, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre, se ha sentado a la diestra de Dios”, y ya no queda más sacrificio por los pecados que pueda ser hecho Hebreos 10.26 “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado.

Hay un marcado contraste entre el sacerdocio del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento el sacerdocio estaba limitado a una nación, Israel, y a una sola familia: los levitas (Éxodo 28-29). Ellos eran los que conducían los ritos y ceremonias en el templo y eran los únicos que representaban o mediaban por el pueblo delante de Dios. Pero así como los sacerdotes ofrecían toda clase de sacrificios en el templo, está claro en que Dios ha elegido a los cristianos de todas las naciones de la tierra para ser los que ahora presenten el sacrificio 1 Pedro 2.5 “Vosotros también, como piedras vivas, sois edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo”.

Vivimos tiempos en que la iglesia necesita establecer en el corazón de los creyentes la necesidad de entender nuestro “llamado al sacerdocio” el cual es la base para la “función” que tenemos dentro de nuestra sociedad, sin un entendimiento claro sobre la prioridad de buscar caminar en el llamado que Dios tiene para nuestra vida podremos fácilmente caer en la confusión que es nuestra función la que marca nuestra vida en Dios.

Regresando a 1 Pedro 2.9 podemos ver que la Biblia habla de dos aspectos del sacerdocio del creyente. El primero es que los creyentes son privilegiados. El ser elegido por Dios para ser un sacerdote era un privilegio. No importando su procedencia, por medio de Jesucristo, todos los creyentes han sido elegidos por Dios para ser “un linaje escogido, un pueblo adquirido por Dios”. En el tabernáculo y el templo del Antiguo Testamento, había lugares donde solo los sacerdotes podían ir. Detrás del grueso velo, en el Lugar Santísimo, solo el Sumo Sacerdote podía entrar, y únicamente una vez al año en el Día de la Expiación, cuando hacía ofrenda por el pecado a favor de todo el pueblo. Pero como mencionamos anteriormente, por la muerte de Jesucristo en la cruz del Calvario, ahora todos los creyentes tenemos un acceso directo al trono de Dios a través de Jesucristo, nuestros Sumo Sacerdote (Hebreos 4:14-16).

Qué privilegio el poder entrar directamente al mismo trono de Dios, no a través de algún sacerdote terrenal. Cuando Cristo regrese y la Nueva Jerusalén baje a la tierra (Apocalipsis 21), los creyentes verán a Dios cara a cara, y le servirán ahí (Apocalipsis 22:3-4). Debemos realmente valorar que antes no éramos “su pueblo”, vivíamos “sin esperanza” y estábamos destinados a la destrucción por nuestro pecado.

El segundo aspecto del sacerdocio de los creyentes es que somos elegidos para un propósito, ofrecer sacrificios espirituales Hebreos 13.15-16 Así que, por medio de Él ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de nuestros labios dando gracias a su nombre. Y de hacer bien y de la comunicación no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. Este y otros ejemplos nos hablan de la necesidad de vivir de acuerdo al llamado sacerdotal que tenemos como cristianos. Por lo cual, tanto por la vida (1 Pedro 2:5; Tito 2:11-14; Efesios 2:10) como por la palabra (1 Pedro 2:9; 3:15), nuestro propósito es servir a Dios. Así como el cuerpo de creyentes es el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20), así Dios nos ha llamado a servirle de todo corazón, por medio de la ofrenda de nuestras vidas como sacrificios vivos (Romanos 12:1-2). Un día estaremos sirviendo a Dios en la eternidad (Apocalipsis 22:3-4), pero no en cualquier templo, “… porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ellos…” (Apocalipsis 21:22). Así como el sacerdocio del Antiguo Testamento debía estar libre de contaminación, como se simbolizaba al ser ceremonialmente limpiado, así Cristo nos ha hecho santos, por medio de su sangre, ante el Padre. El nos llama a vivir vidas santas para que también podamos ser un “sacerdocio santo” (1 Pedro 2:5).

En Éxodo 19:5-6  Dios habla al pueblo y les da bajo condicionamiento su valor como pueblo “Ahora pues, si obedeciereis mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y nación santa. Éstas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”. Durante el transcurso del Antiguo Testamento vemos que el pueblo judío falla en el cumplimiento de las ordenanzas que Dios les dejo establecidas.

Cuando Dios escoge a Israel, establece un modelo y no una categoría inalcanzable.  Es importante notar que antes habían dos clases de personas, judíos y gentiles, sin embargo esto no impidió que  gentiles entraran a forma parte del pueblo de Dios como vemos en los casos de Ruth, Rahab y varios de los valientes de David que “superaron” por fe impedimentos que imposibilitaban su acceso y fueron recibidos hasta en el linaje mesiánico. Después de Jesucristo existen dos clases de personas, aquellos que le confiesan como su Salvador y aquellos que no, por esta razón todo aquel que quiera disfrutar de la vida eterna necesita ser reconocer su Señorío sobre su vida, de la misma manera un judío debe reconocer a Yeshua como su Mesías, reconociendo y recibiendo su Salvación, arrepintiéndose de una vida con pecado y recibiendo por gracia aquello que no hay manera de alcanzar por obras.  Juan 1:12.

Es por medio del reconocimiento del en Jesucristo como Salvador que la puerta al “sacerdocio del creyente” se abre para nuestras vidas y para todos aquellos que le reconocemos (judíos o no judíos) el poder ejercer el sacerdocio, no por la antigua condición de herencia de sangre sino por la nueva condición que es el aceptar el sacrificio de Jesucristo por nuestros pecados y su Señorío sobre nuestra vida.

Somos llamados “reyes y sacerdotes” como un reflejo de su posición privilegiada como herederos del reino de Dios. Por este privilegio de cercanía con Dios, ningún otro mediador terrenal es necesario. Es necesario que como iglesia entendamos y enseñemos a otros el verdadero valor y responsabilidad del sacerdocio del creyente, no importando la edad o tiempo que tengamos siguiendo su palabra, TODOS somos llamados al sacerdocio. Esto es un privilegio como vimos anteriormente pero también una responsabilidad que tiene que traer a nuestros corazones un sentido de realidad a nuestra vida. Siendo Jesucristo mismo nuestro sumo sacerdote todos tenemos “la misma responsabilidad sacerdotal” delante de Dios en guardar nuestros cuerpos para cumplir con nuestro llamado a la santidad correctamente. Cuando entendemos nuestro llamado personal al sacerdocio,  las funciones que cumplimos dentro de la iglesia no definen nuestra vida ya que el llamado al sacerdocio es mas profundo que lo que hacemos en nuestro presente. Es importante notar que aunque todos los sacerdotes tenían “funciones” diferentes, su “llamado” era el mismo.

Vivir con un entendimiento claro de nuestro llamado al “sacerdocio” afectara sin duda la forma en que nos relacionamos y presentamos delante de Dios provocando una vida en libertad y con propósito influenciando para bien todas las áreas de nuestra vida.

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7 comentarios

Archivado bajo 1. EN BUSCA DE SU CORAZON...

7 Respuestas a “El Sacerdocio del Creyente

  1. Karla

    Me gusta mucho el tema, espero mi esposo pueda ser el hombre que yo se Dios quiere que el sea y nos pueda guiar como familia.

  2. Pastor Cabrera

    Hermano este tema es muy importante, yo tengo varias platicas con el mismo mensaje por si gusta utilizarlas.

  3. Juan Rivas

    Gracias!!!

  4. Annabel (New York)

    Gracias Padre por tan maravilloso regalo, esta parte me hizo llorar “Es por medio del reconocimiento del en Jesucristo como Salvador que la puerta al “sacerdocio del creyente” se abre para nuestras vidas y para todos aquellos que le reconocemos (judíos o no judíos) el poder ejercer el sacerdocio, no por la antigua condición de herencia de sangre sino por la nueva condición que es el aceptar el sacrificio de Jesucristo por nuestros pecados y su Señorío sobre nuestra vida”. Aprecio mchuco que personas se tomen el tiempo para darnos un mejor entendimiento de la palabra.

  5. Marques, Mario

    Que Dios nos ayude a alcanzar la altura de Jesucristo, el sacerdote de sacerdotes.

  6. Silvia

    Agradezco a Dios primeramente y uds. que nos ensenan esas verdades maravillosas, que nos ayudan a entender nuestro llamado. GRACIAS MIL.

  7. MARCO ANTONIO

    Por lo que leo, asumo que no son catolicos, que dan su propia lectura de la palabra de Dios y se fundamentan en lo que sus corazones humanos les dictan. Dios es un Dios de amor, de misericordia , pero tambien es un Dios de orden, y si no lo han pensado asi, solo levanten los ojos al cielo por la noche y contemplen las estrellas, que guardan un orden perfecto y cosmico, creado por Dios. Seamos mansos de corazon y demosle credito a Jesuscristo que vino a poner orden a ese mundo que se habia corrompido y desordenado como el nuestro, por tanto mamoseo que si esta religion que fundo don Pedrito o don Antonio o el que se les ocurra, pretenden tener mas autoridad que el propio hijo de Dios que vino a morir y adejar orden en la cabeza de sus apostoles y el corazon humano se resiste a esa realidad y andan buscando verdades nuevas que solo confunden y dividen. Ruego a Dios con todo mi corazon para que les de esa luz que tanto andan buscando y ese sendero que los lleve al verdadero camino que JesuCristo nos vino a mostrar y a caminar el mismo. Su ermano en Cristo Jesus.
    Marco Antonio

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