El Renacimiento del Idioma Hebreo Parte 4/5

Por Roni Goldberg Vicecónsul de Israel en Uruguay
Resucitando un idioma: de lengua muerta a lengua viva
Ahora bien y en concreto, ¿cómo se resucita un idioma muerto? ¿Cómo se puede, después de 2000 largos años, llamar “helado” a un helado, al tren: “tren”, a un reloj: “reloj”, o “telegrama” al telegrama; o planchar utilizando la electricidad, cuando nada eso existía dos milenios atrás? Efectivamente, una de las tareas más arduas al revivir un idioma que había dejado de hablarse durante cien generaciones, fue la de enriquecer un vocabulario ralo y escaso, sin desvirtuar por otro lado la esencia del idioma. La ampliación y renovación lexicográfica, es sólo uno de los aspectos del desarrollo de una lengua. A su vez, había que modernizar una ortografía ya anquilosada, actualizar por completo unas normas anticuadas de gramática y sintaxis, y recuperar una pronunciación olvidada y no reflejada por los textos escritos, entre otros muchos cometidos. Pero sin duda la más difícil, la más sisífica de las tareas, es la de introducir el idioma en todos y cada uno de los contextos, desde el idioma en que los jueces escriben sus sentencias, al de las cárceles y los delincuentes; desde el lenguaje de los negocios, el bursátil, el periodístico y el científico, al de las rencillas de los chicos.  Es la dificultad de instalar un idioma en los hogares, en los que ya preexiste otro. Es la ardua tarea de enseñar un idioma, a judíos venidos de todas las latitudes, con 70 acentos diversos. Valga aclarar que el patrocinio de un Estado interesado en revivir su lengua, o las pingües sumas de dinero invertidas en tal cometido, no constituyen garantía de éxito. Irlanda no ha logrado reemplazar al inglés por el gaélico, del que se estima lo hablan sólo unos 50 mil irlandeses. En la India fracasaron los esfuerzos por revivir el sánscrito, del que hay censados 49.000 hablantes entre 1100 millones. El Vaticano, en sus esfuerzos por revitalizar su idioma oficial, el latín, nos demuestra la complejidad de recomponer razonablemente el lenguaje de una lengua muerta: la Santa Sede propone que “cine” en latín moderno se diga pellicularum cinematographicarum theca; “libreta de conducir” sería diplōma vehículo automatário ducendo, en tanto “sobredosis” se diría immódica medicamenti stupefactīvi iniéctio… Como veíamos, el renacimiento del hebreo formó parte de un proceso más amplio de resurgimiento y liberación nacional, en cuyo marco el pueblo judío optó, a fines del siglo XIX, por pasar del determinismo a la determinación, con la que se abocó a la lucha por su autodeterminación e independencia. Los pioneros sionistas, idealistas fervientes que con su tesón empujaron desde el llano el proceso de retorno a la patria ancestral, también apoyaron con ahínco el retorno a la lengua de los padres, predicando con el ejemplo.A dicho cúmulo de razones de fondo, habría que agregar factores algo más coyunturales como la acertada decisión –como vimos, no exenta de luchas– de instituir al hebreo como lengua única y obligatoria en el incipiente sistema educativo, aprovechando una época de cambios en la que, de por sí, los nuevos inmigrantes buscaban una lengua en común para poder comunicarse. Como colofón, el afán y la perseverancia de un visionario y erudito como Eliézer Ben-Yehuda, sin cuyo aporte crucial la recuperación del hebreo no hubiese sido posible…
continuara el siguiente lunes.

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