Israel – Jerusalén, foco de tensión permanente

La ciudad santa siempre ha sido foco de tensión. Jerusalén es considerada el nudo gordiano del conflicto en Oriente Medio y su ciudad antigua, donde se emplazan los principales santuarios para las tres religiones monoteístas, supone el meollo de las disputas, pues cualquier intento por cambiar el estatus quo despierta enorme sensibilidad. El último ejemplo han sido los disturbios desde hace tres semanas en torno a la Explanada de las Mezquitas, donde se emplazan Al-Aksa y Omar -también conocida como Domo de la Roca-, y tercer lugar más importante para el islam.
El mismo recinto es para los judíos el Monte del Templo, pues consideran que albergaba el bíblico santuario israelita reformado por el Rey Herodes hace 2.000 años y destruido por los romanos en el año 70 de nuestra era. Una de las paredes occidentales que rodeaba esa planicie es hoy el único resto visible a la luz del día y lugar de oración para el judaísmo, el Muro de las Lamentaciones, aunque la pared prosigue varias decenas de metros bajo tierra. «Esta es la misma pared que la gente puede ver afuera, pero mejor conservada porque está bien protegida por los arcos que se alzan sobre nosotros», explica la guía turística israelí Hadas Bukaí al conducir a un grupo de periodistas por los subterráneos que recorren el muro por debajo del nivel del suelo. Poco antes, varios devotos judíos habían colocado entre los intersticios de las enormes piedras excavadas papelitos con plegarias, al igual que se estila en la parte conocida del muro. Los enormes bloques que conforman el muro aparecen marcados con una serie de hendiduras que según los expertos, son características del período herodiano, conocido por obras de colosal ingeniería en las que no se empleaba argamasa sino el propio peso y la colocación escalonada de las piedras. «Aquí uno se puede percatar de la diferencia entre las piedras de arriba, que no son tan antiguas como las de abajo, colocadas hace dos mil años en tiempos del Rey Herodes», aclara Bukaí, que asegura que «Israel no excava bajo los cimientos del Monte del Templo» y que las excavaciones bordean el muro. El rabino del Muro de las Lamentaciones, Shmuel Rabinovich, afirma que «todo lo que se realiza aquí está fuera del recinto porque la ley judía lo prohíbe». El viceministro de Turismo palestino, Maruán Tubasi, cree que las excavaciones están en línea con la política israelí «para judaizar Jerusalén» y son contrarias a las resoluciones de la ONU. El director de Antigüedades de su ministerio, Taha Hamdán, apunta que «no existe un debate histórico sobre los hallazgos, que sean judíos o de otra índole, también forman parte de nuestra historia». «Desafortunadamente se emplea la arqueología como instrumento de división en lugar de medio de entendimiento entre palestinos e israelíes», concluye.

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Archivado bajo 3. tiempos actuales, 7. europa y oriente medio

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