Entender la profundidad de la adoración y lo que esta representa, abre la puerta a nuestras vidas a poder disfrutar del corazón de Dios y lo que el tiene preparado para nosotros. Podemos observar durante toda la Biblia que TODOS los hombres de fe tenían en común una actitud de reverencia hacia Dios, sus corazones entendían el llamado profundo a reconocer y obedecer la soberanía de Dios sobre sus vidas, la cual marco su destino. Nosotros tenemos la capacidad de encontrar por medio de la adoración nuestra dependencia y camino a seguir, reconociendo la soberanía de Dios y obedeciendo su palabra. Pero la pregunta es ¿Cómo desarrollar un corazón que constantemente  reconozca la soberanía que Dios tiene sobre nuestras vidas? o ¿Cómo desarrollo un corazón de adorador que viva con el anhelo de estar en su presencia?.

Una de la definiciones de la palabra adorar proviene del griego proskuneo que significa “Doblegarse y postrarse ante la presencia de alguien y besarlo” ¿Suena humillante? Realmente no lo es cuando entiendes el principio detrás de esta definición. Cuando nos doblegamos o rendimos a alguien dejamos nuestra voluntad a la otra persona, aceptamos su disposición para nuestra vida. Sal 138:2  Me postraré hacia tu santo templo, Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad;  Porque has engrandecido tu nombre,  y tu palabra sobre todas las cosas.

La adoración es una actitud de nuestro corazón; es reconocer la misericordia y la gracia de Dios para nosotros, es reconocer lo que Dios es y lo que ha hecho por nosotros. Es entender que sin él estaríamos perdidos. En este sentido la adoración es un estilo de vida. Por eso es que el mejor adorador será siempre aquel que reconoce de donde lo sacó el Señor y que sin él está perdido, aquel que recuerda su pasado y sabe que sentarse a la mesa del Señor es un privilegio inmerecido. La mejor adoración siempre brotara de un corazón agradecido. La adoración es una actitud que debe afectar todas las áreas de nuestra vida, por eso es que la adoración es mucho más que cantar. Tal vez haya gente que canta todos los domingos en el lugar donde se congrega, pero nunca ha adorado a Dios. Sal 25:7  De los pecados de mi juventud,  y de mis rebeliones,  no te acuerdes;  Conforme a tu misericordia acuérdate de mí,  Por tu bondad,  oh Jehová. Sal 25:10  Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad,  Para los que guardan su pacto y sus testimonios.

Adoración es rendición total. La palabra adorar también significa ofrendar, y a través de las escrituras encontramos la palabra adoración como sinónimo de la palabra “sacrificio” u ofrenda. En el antiguo testamento la ofrenda más común era la ofrenda quemada. En este tipo de ofrenda el animal ofrecido en sacrificio era consumido totalmente por el fuego, y a diferencia de otro tipo de ofrendas, con ésta, ni el ofrendado ni el sacerdote podían comer de la carne, porque era totalmente consumida. La ofrenda quemada era un tipo del sacrificio que Jesús iba a ofrecer por nosotros. El se entregó completamente por ti y por mí en la cruz (Hebreos 13:11-12). Haciendo referencia a la ofrenda quemada y al sacrificio de Jesús, Heb.13:15  “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”. De la misma manera que Jesús se entregó completamente por nosotros, así debemos entregarnos nosotros a la adoración. Jesús dijo que el primer y más grande mandamiento es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El común denominador en este versículo es “Todo”. Como la ofrenda que era consumida “Toda”, Dios lo quiere todo, Dios quiere un sacrificio total, una rendición total. ¡Esta es la verdadera adoración! 

En la adoración no sólo entrego mi canto, también entrego mi cuerpo, mi voluntad, mi ser entero, todo lo que poseo y lo que soy. El verdadero adorador es aquel que se ha entregado totalmente a Dios, sin reservas, sin medidas. Cuando Dios tiene nuestro corazón lo tiene todo. Cuando Dios no tiene nuestro corazón no puede haber adoración. Por eso Samuel decía: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios (adoración) y el prestar atención que la grosura de los carneros” I Samuel 15:22. Dios probó a Abraham para ver si realmente era un adorador, para ver si estaba dispuesto a rendirlo todo. El verdadero adorador lo rinde todo porque confía plenamente en su Señor, por eso puede obedecer en todo. Lo que Dios le pide a Abraham fue: “Ofrece a tu hijo, tu único hijo, al que amas, en sacrificio”.  Muchas personas adoran a Dios solo de labios, pero cuando se trata de rendirlo todo, no están dispuestos. Jesús hizo referencia a este tipo de adoradores cuando dijo: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran…” Mateo 15:8-9.  La frase “me honran” en otras versiones se interpreta como “me adoran”. Jesús está diciendo: “No puede haber verdadera adoración si tu corazón está lejos de mí”, es decir, si el corazón está en otras cosas, si hemos rendido nuestro corazón a otras cosas, no puede haber verdadera adoración.

continuara Marzo 7