Encontrar nuestro propósito en la vida  ha sido el mayor enigma al que el humano se ha enfrentado. Desde la antigüedad filósofos, científicos, hombres de guerra, negociantes, reyes, hombres, mujeres, etc., han buscado encontrar una respuesta a esta interrogante. Es esta búsqueda la que nos ha permitido desarrollarnos al nivel que nos encontramos como sociedad. Sin ella todos los adelantos de la ciencia no fueran lo que son. Esta búsqueda nos ha llevado a  encontrar “un propósito como humanos”, a nuestra existencia. Pero esta búsqueda también nos ha llevado o exponer áreas de nuestra naturaleza que no nos permiten experimentar la plenitud de nuestra razón de ser. Es por esto que como poder experimentar esa plenitud durante los años de vida que tenemos es algo que siempre estará ligado a nuestros corazones.

Cuando en Génesis 1.26 se dice “hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” no solo se refiere a la parte física, se refiere primordialmente a que al hombre recibe cualidades del mismo Creador. Así que intencionalmente Dios da al hombre por naturaleza deseos que brotan de El, deseos que tienen el propósito de lograr que el hombre tenga “una máxima relación con su Creador”. En ese momento existe una transparencia perfecta, la cual permite poder disfrutar al hombre el verdadero propósito por el cual fue creado. Dios creo al hombre “con el propósito de tener relación con El”, todo lo demás en la creación fue majestuoso, pero reservo para el hombre, la parte sublime de su creación, lo mejor. El hombre iba ser el único en la creación que tendría el privilegio de tener interacción con su Creador. Es por eso que la mayor consecuencia del pecado no fue la “física” sino la “espiritual”. Esa transparencia fue corrompida por el pecado, privando al hombre de disfrutar del verdadero propósito por el cual fue creado.

Es ahí donde nace la necesidad de un Redentor, el cual traería a la humanidad la oportunidad de restaurar este vinculo perdido. Es mediante El y solo por El donde encontraremos el camino para reestablecer el privilegio de gozar de una relación directa con Dios; pero depende de nosotros el tipo de relación que tendremos con Dios, la cual dará por resultado la forma en que disfrutemos el encontrar “el propósito para nuestras vidas”. Cuando Jehová exhorta por medio de Moisés al pueblo de Israel en Deuteronomio 6.4-5 y le dice “Oye,  Israel: Jehová nuestro Dios,  Jehová uno es. Y amarás a Jehová tú Dios de todo tu corazón,  y de toda tu alma,  y con todas tus fuerzas.”, establece lo que demanda de su pueblo, pero lo hace sabiendo que es solo por medio de la tenacidad que tengamos en esa búsqueda, la vía por la que encontraremos nuestra verdadera razón  de ser.

Es esta la motivación correcta que debemos tener en nuestros corazones para poder disfrutar de una relación transparente con Dios y poder mostrar al mundo a un Redentor real, el cual ha establecido principios de vida aplicables a generaciones, los cuales son la clave para entender pero sobre todo disfrutar quienes somos y cual es nuestro propósito en la vida.